domingo, junio 10, 2012

La infancia del monstruo.



La escuela es un parque sin diversiones. Las rocas y la hojarasca constituyen la máxima atracción si hay viento.

José camina al lugar que los niños de su tiempo dejan hueco a las seis.

Hueca la luz, desciende hasta fluir afuera, el hueco queda dentro de las aulas y los pupitres marcan la oscuridad en sus paredes.

Como una cueva de carbón, rectilinea y cúbica, queda manchada la ausencia, el último eco de niños, de sus pisadas resuena en su cabeza.

José conoce su primera jaula. Irremediable.

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(Fotografía: Helen Levitt, New York, c. 1940)